Diego Cagna
#14 | Octubre de 2011 nos encontró en una situación tan deprimente como la de octubre de 2025. Ganábamos poco y cambiamos de DT. Elegimos a Cagna y pasamos a no ganar nunca.
La temporada 2011 no podía haber empezado de peor manera. Luego del derrumbe del proceso de Roberto Sensini y su renuncia tras la derrota contra Vélez por la fecha 9° del Torneo Clausura, el 11 de abril asumió Ricardo Johansen como interino. Mientras tanto, la dirigencia salió a buscar reemplazante de urgencia. Fantaseamos unos días con la vuelta de Marcelo Bielsa —que en febrero había renunciado a la selección chilena y estaba sin trabajo—, el presidente Guillermo Lorente le ofreció formalmente el cargo y hasta se armó un operativo clamor en la puerta de su casa. Marcelo agradeció el gesto pero declinó la invitación. De acuerdo a las crónicas de la época, Lorente dijo que coincidieron con Bielsa en que “existe en el club una buena gestión deportiva y una estructura formada que le permiten buscar un reemplazante de Sensini con tranquilidad y sin urgencias”. Descartado el Loco Bielsa, nos tuvimos que conformar con un cosplayer: Lucho Torrente, su asistente técnico durante una década, desde sus años en el Atlas mexicano (¡salud, David Blanc!) hasta el período completo al frente de la selección argentina, se hizo cargo del primer equipo a partir de la fecha 11°.
En lo que quedaba de ese Clausura, con un equipo decente en los nombres, pero anímicamente por el piso y con una preparación física deplorable, obtuvimos dos triunfos, un empate y cuatro derrotas. Clasificamos en el puesto 19° de la tabla (cuando los torneos eran de 20 equipos) y quedamos en una posición preocupante en los promedios.
Para el Apertura que siguió, se desvinculó el siempre rendidor Rolando Schiavi y incorporaron Hernán Pellerano (que anduvo bien), Santiago Vergini (por quien nadie daba dos pesos y terminó siendo un jugador destacado), Víctor Figueroa (que al principio aportó muy poco y dos años más tarde levantó el nivel), los ineficaces delanteros Tito Noir y Víctor Marcelino Aquino, más el indescriptible colombiano Carmelo Valencia.
Hay que reconocer que el equipo de Javier Torrente (su apodo Lucho proviene de su segundo nombre: Luis) competía los partidos con mucha dignidad, hacía un juego vertical y dinámico pero tenía una ineficacia alarmante. En las primeras nueve fechas, que también serían las últimas para el entrenador, empató seis partidos (en todos los casos, estuvo más cerca del triunfo que de la derrota), perdió dos y ganó uno. La lectura de Torrente al dejar su cargo fue correcta: para un equipo que pelea en puestos de descenso —tuvimos ejemplos cercanos por esos años—, el empate era casi una derrota.
Como su sucesor fue designado Diego Cagna, que por entonces tenía 41 años, un entrenador emergente en el fútbol argentino que venía con una impronta ganadora.
Poco tiempo después de su retiro del fútbol profesional, Cagna se hizo cargo del buen equipo de Tigre conformado por Caruso Lombardi para llevarlo a la primera división. En su primer torneo en la máxima división, el Apertura 2007 (donde contó con Leandro Lázzaro como goleador), se clasificó subcampeón detrás del Lanús de Ramón Cabrero. Al año siguiente, en el Apertura 2008 (esta vez con los goles de Martín Morel), igualó la primera posición con Boca y San Lorenzo, que llevó la definición a un triangular de desempate y allí Tigre fue otra vez subcampeón.
Luego de un paso fugaz —y no del todo feliz— por Colo Colo de Chile, llegó a Newell’s a mitad del Torneo Néstor Kirchner Apertura 2011 – Copa René Favaloro para intentar torcer la serie de malos resultados que venía registrando el equipo.

El debut, por la 11° fecha fue un empate en cero en el Parque con Arsenal. Esa tardecita, así formó nuestro once titular: El Flaco Peratta, Cristian Díaz, Pellerano, Vergini y Ferracutti, Lucas Bernardi, Pomelo Mateo y Pablo Pérez, Sperduti, el paraguayo Aquino y Carmelo Valencia. Acaso porque la hinchada le había perdido la confianza a un equipo que ganaba poco y nada, quizás por el escaso carisma que transmitía el nuevo entrenador, la cosa no pintó muy auspiciosa desde el comienzo.
La fecha siguiente, contra All Boys en Floresta, fue 1 a 1 con gol del debutante Fabián Muñoz. En la 13° sufrimos una pequeña hecatombe: pasamos de ganarle 2 a 0 a Olimpo, con goles de Vergini de penal (ejecutor infalible en Newell’s) y Maxi Urruti, a que nos empaten a tres minutos del final y que luego casi nos ganen cuando Pavlovich erró un gol solo frente al arco vacío.
Seguirían dos derrotas evitables, 1-2 en Santa Fe con Unión y 0-1 en casa contra Tigre. Para este partido contra su ex equipo, Cagna ya había descartado a toda la delantera que comenzó el campeonato y la reemplazó por dos juveniles: Martín Tonso y Maximiliano Urruti. Para el partido siguiente —otra vez como locales, pero en esta ocasión de San Lorenzo— se sumaría Federico Falcone como tercer delantero. Terminamos 0 a 0.
Los resultados no mejoraban mucho, pero sí se veían cambios en el estilo de juego: el despliegue generoso que caracterizó a la época de Torrente había quedado atrás, también los partidos en que mereciéramos ganar.
Tampoco mejoraría el humor de los hinchas: el 29 de noviembre nos tocó debutar por Copa Argentina contra Patronato de Paraná —que militaba en ese momento en el Nacional B— y quedamos eliminados. El partido terminó 0 a 0 y perdimos por 5 a 4 en los penales. El penal decisivo fue marrado por el juvenil Gabriel Hachen.
Ya de vuelta en el campeonato de la liga, terminamos la campaña con tres empates consecutivos: 1 a 1 contra Independiente allá, 0 a 0 con San Martín de San Juan como locales y 2 a 2 con Lanús en el sur. Quedamos en el puesto 18° en la tabla de posiciones. Desde la asunción del nuevo entrenador habíamos tenido siete empates, dos derrotas y ningún triunfo, además de la eliminación en Copa Argentina en primera fase. En los promedios estábamos en el puesto 15° pero bajando, dado que estábamos por perder los 69 puntos que había juntado Sensini en la temporada 2009/10.
Apenas terminado el torneo, la comisión directiva del club tomaría la decisión de remover a Diego Cagna de su cargo para permitir la llegada de Gerardo Daniel Martino como entrenador.
La carrera de Cagna como director técnico seguiría, con idéntico suceso, en Estudiantes de la Plata, un nuevo paso por Tigre, San Martín de Tucumán, Atlético Bucaramanga, Instituto de Córdoba y Jorge Wilstermann.
PD 1: A propósito de Cagna. En 2020 nos enteramos que no lo quiere nada a Bielsa desde su época de jugador. Es decir, en 2011, pasamos de un devoto del Loco (como Torrente) a un detractor (como Cagna).
PD 2 A propósito de Bielsa. Parte del dinero que nuestros suscriptores van aportando semana a semana lo destinamos a un fin noble: encargarle al diseñador y dibujante Esteban Serrano, más conocido como Cienperros, una ilustración original (pero no exclusiva) de la imagen icónica del Ñubel, carajo. ¿Qué significa que no es exclusiva? Que cualquiera puede comprar una reproducción de esta belleza en su tienda online y colgarla en su pared favorita.
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En una entrevista que le hicieron en 2013-14 a Jorge Pautasso contó que cuando asumieron en Newell´s (El Tata y él como ayudante) lo hicieron confiados en que había material para hacer jugar bien al equipo porque habían visto como jugaban con Torrente. A Cagna, por supuesto, no lo nombró.