El Señor del Gol
#17 | El colombiano Julián Vásquez llegó junto a sus compatriotas Patiño y Bermúdez para reforzar el equipo en 2003. Estuvo casi un año, hizo muchos goles y se fue mal, un clásico de la era López.
Los primeros torneos del presente siglo no fueron muy distintos a los actuales, pasaba un entrenador tras otro y el equipo no salía nunca de la mediocridad. La diferencia era que los técnicos al menos completaban la temporada, el plantel tenía varios jugadores “de staff” que, sin ser grandes estrellas, nos mantenían en general en las inmediaciones de la mitad de la tabla.
Entre los años 2000 y 2002 pasaron el Ruso Ribolzi, el Chocho Llop y el Negro Zamora. En el Apertura 2000 entramos en la decimotercera posición (siempre recordar, como mnemotecnia, que el Clausura se jugaba en la primera parte del año y el Apertura en la segunda); en el Clausura 2001, decimosegundos; en el Apertura del mismo año fuimos decimocuartos; en el Clausura de 2002 mejoramos y entramos séptimos.
Sobre la base de jugadores permanentes como Grabinski, Fernando Crosa (su hermano Diego jugó en Newell’s entre 1994 y 1999), el Tano Vella, Ponzio, Damián Manso, Larry Saldaña, Domizzi, Mauro Rosales, los puestos vacantes solían completarse a último momento con futbolistas como William Vázquez, Gustavo Dueña, Valentín Filippini, Carucha Lagorio, Tilico, y un imperdonable listado de etcéteras.
Llegado este punto, luego de una década de campañas anodinas, el presidente López decidió que tenía que jerarquizar el plantel para afrontar el centenario de la institución. La primera medida —en mitad del torneo Apertura 2002— fue remover a Julio Zamora del cargo de entrenador y cumplir un viejo anhelo: contratar al Bambino Veira. Su debut no pudo ser más complicado, el 20 de octubre de 2002 visitábamos a Gimnasia en el bosque, una de las canchas en las cuales teníamos de las peores estadísticas. No fue sorpresa, perdimos 2 a 1.
Una semana después, por la fecha 14, tuvo lugar la presentación del nuevo técnico en Rosario. Venía Olimpo de Bahía Blanca y teníamos la necesidad de recuperarnos. Los que estuvimos esa tarde en la cancha no lo olvidaremos fácilmente. Salimos con Passet; Vella, Grabinski, Crosa y Adinolfi; Ponzio, Seba Domínguez (que por alguna razón inexplicable lo ponían de mediocampista), Liendo y Manso; Sacripanti y el Pájaro Domizzi. El partido era desordenado, trabajo, jugado lejísimo de los arcos, hasta que el árbitro Furchi decidió que tenía que empezar a expulsar jugadores visitantes. A los tres minutos del segundo tiempo, a Olimpo le quedaban ocho jugadores en campo. Los futbolistas de Newell’s continuaron jugando con la misma ineficacia y parecían empecinados en patearle al cuerpo al Flaco Vivaldo. Finalmente, a quince del final, Guillermo Marino marcó el gol con el que terminamos ganando 1 a 0, un gol celebrado por la hinchada con más ironía que entusiasmo. La despedida fue insólita: hubo rechifla para el ganador y ovación para el modesto equipo visitante.
No obstante, de ahí al final del campeonato, hubo una cierta recuperación (2 ganados, 2 empatados, 1 perdido) y terminamos una vez más en mitad de la tabla.
Para el Clausura 2003, las incorporaciones prometidas no llegaron, apenas si el equipo se reforzó con Walter Silvani (que aportó bastante) y Julián Kmet (que sumó poco y nada). Previsiblemente, la campaña fue horrible, entramos en el decimoquinto puesto, con 5 triunfos, 7 empates y 7 derrotas.

Recién en el torneo siguiente, el Apertura 2003, Eduardo López traería jugadores como para darle el gusto al Bambino. Llegaron tres colombianos experimentados, el multicampeón Jorge Bermúdez (32 años), el goleador Julián Vásquez (30) y el menos conocido Jairo Patiño (25); además llegó Ariel Rosada, la vuelta de Pablo Guiñazú, Gastón Aguirre que venía de Olimpo y el arquero Darío Sala. También en ese libro de pases se dio la trunca incorporación de Bassedas y la salida de Ponzio, Grabinski, Domizzi, Passet, Manso, más la confusa desvinculación de Fernando Crosa.
Por la primera fecha, que fue un empate en cero contra Banfield en el sur, el equipo fue: Palos; el Chavo Ruiz, Bermúdez, Ré y Adinolfi; Diego Villar, Rosada, Guiñazú y el Cuqui Silvani (que en este torneo, ante la ausencia de un enganche natural, le tocaría jugar como media punta); Mauro Rosales y Vásquez. En la segunda, otro 0 a 0, esta vez con Independiente, jugó Patiño por Villar, en lo que sería de ahí en más el equipo titular.

Por la tercera fecha llegaría el primer gol de Julián Vásquez (un gol típico de centrodelantero que espera el centro atrás, en este caso de Rosales) en el resonante triunfo por 2 a 0 frente a River en Buenos Aires. El segundo fue un tremendo remate de Patiño entrando en diagonal.
Hijo de un abogado y una gerontóloga de Medellín, Julián Vásquez no solamente era futbolista sino que había estudiado Administración de Empresas. Apodado el Señor del Gol, había sido dos veces campeón (2001 y 2002) en América de Cali y venía de disputar la Copa Libertadores inmediatamente antes de venir a Newell’s. En ese torneo había llegado hasta las últimas instancias, curiosamente siempre con cruces con equipos argentinos; América superaró a Racing en octavos de final, a River en cuartos, y perdió con Boca (que sería el campeón) en semifinal.
En la cuarta fecha, Vásquez volvería a marcar, nuevamente anticipando a su marcador en el área, en el triunfo 2 a 1 frente a Quilmes. También convertiría, con gran definición, el segundo gol en la sexta, en el 2 a 0 en casa contra Olimpo. Por la novena llegaría un nuevo gol de Julián Vásquez, el primero —siempre de anticipo para aprovechar los centros de Rosales— para romper la racha negra en cancha de Gimnasia. Fue 2 a 0. El segundo, un zapatazo de Jairo Patiño.
El equipo del Bambino, con grandes actuaciones individuales de Patiño y Rosales, más los goles de Vásquez, había logrado trepar en la tabla y llegó la fecha 12, donde le tocaba recibir al puntero, el Boca de Bianchi. Newell’s jugó con gran autoridad en un partido durísimo y ganó 1 a 0 con gol de Silvani, resultado que nos ponía en condición inmejorable para pelear hasta el final en el primer pelotón.
Justo en ese momento, el más inoportuno, ocurrió una de las más recordadas bravuconadas de López. El partido con Boca se había jugado el miércoles 29 de octubre a la tardecita, el encuentro siguiente estaba programado para el domingo 2 de noviembre contra Chacarita en San Martín. Era la oportunidad para ganar y meterle presión al puntero. En palabras del Bambino, “ahora empieza un torneo nuevo”. Pero, como el día sábado 1° de noviembre estaba programada una celebración del centenario del club por parte de las agrupaciones opositoras, a López se le ocurrió la brillante idea de hacer adelantar el partido un día para quitarle público a sus rivales políticos. Nunca sabremos si con un día más de descanso la suerte pudo ser otra, pero ese partido terminó 1 a 1 y nos alejamos definitivamente de la lucha por el campeonato.
Por la fecha 16, ya fuera de cualquier objetivo en la tabla, vivimos otra noche emocionante. Julián Vázquez marcó tres de los cuatro goles con los que le ganamos a Talleres. Los cordobeses de Pastoriza se habían puesto 3 a 0 (con dos goles de Aldo Osorio, el Arcángel del Gol, que un par de años después vestiría la camiseta de Newell’s y ganaría notoriedad en las revistas del corazón por un romance con Nazarena Vélez) y en el segundo tiempo nos recompusimos en forma milagrosa para ganar 4 a 3. Esa noche, ante la entonces notera Carolina Coscarelli, Veira declaró: “Hoy nena viste un partido europeo. Hacé de cuenta que estabas en el estadio de Manchester. Viste un partido inolvidable. Así que te felicito porque viajaste a Europa”.
De ahí al final del campeonato, Vásquez volvió a marcar un gol contra Nueva Chicago y dos frente a Estudiantes de la Plata. El equipo terminó en el sexto lugar, lo cual, si bien mejoraba las campañas anteriores, estaba por debajo de las expectativas con las que se conformó el plantel y con las que se suscitaron luego de algunas buenas actuaciones. Julián Vásquez marcó 10 goles y quedó segundo en la tabla de goleadores detrás del Tecla Farías.
Para el siguiente torneo —para el cual podían abrigarse esperanzas dado el reciente rendimiento— se incorporaron Ariel Zapata (que luego tendría una larga trayectoria) y Javier Morales (que jugaría poco y aportaría menos) y se desvinculó el Cholo Guinazú (que luego tendría una dilatada carrera en Paraguay, Brasil y Talleres). Lo que no podíamos saber era que Héctor Veira se iría en la segunda fecha, luego de dos empates con Banfield e Independiente. Después del partido en Avellaneda, el Bambino hizo un berrinche y dejó el cargo.
Aparentemente, no era del todo imprevisto, porque para el siguiente partido ya estaba Américo Rubén Gallego en el banco de Newell’s. Si bien el debut del Tolo fue con una derrota por 3 a 2 frente a River en el parque, Julián Vásquez volvió a convertir. Y lo mismo hizo en los tres partidos que siguieron: el 3 a 3 con Quilmes allá, el 1 a 1 contra Arsenal como locales y el 1 a 1 con Olimpo en el Carminatti.
El equipo, con Gallego, lejos de afianzarse, se fue volviendo irregular y la actuación de los colombianos se fue desdibujando.
Algo así como un quiebre se produjo en la fecha 12, cuando nos tocó visitar a Boca. El partido fue casi impecable, Patiño y Rosales lucieron en gran forma, Julián Vásquez marcó el empate de penal (1 a 1 fue el resultado final), pero la mancha negra fue una especie de melodrama extrafutbolístico que se mandó el Patrón Bermúdez frente a la Doce. Quedó como un duque con ellos, pero nuestra hinchada nunca se lo perdonó. Por si hubiera faltado algo para enrarecer el aire, el entrenador no ayudaba con las declaraciones. Luego del claro triunfo frente a Chacarita por 4 a 1, el Tolo declaró: “Para el próximo campeonato este equipo, con cuatro o seis refuerzos, va a andar bien”. Previsiblemente, en los partidos siguientes los jugadores no se molestaron en correr una pelota larga.
Las actuaciones de los colombianos se fueron espaciando, todo hacía presagiar que no tenían demasiado futuro en el club. Para peor, con su verborragia incontenible, Gallego declaró —quizás en off y se filtró— “yo pensé que Julián Vásquez ponía más”. A esa altura, por supuesto, ya habían aparecido los tradicionales reclamos del club vendedor por los cheques sin fondo de Newell’s.
En los últimos partidos no estuvo convocado y finalmente fue desafectado de la pretemporada en Necochea. Julián Vásquez jugó en total 34 partidos en Newell’s y marcó 15 goles.
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PD 1: Tras su desvinculación de Newell’s, Julián Vásquez tuvo un paso bastante intrascendente desde lo futbolístico por Estudiantes de la Plata pero donde, según su testimonio, pudo encontrarse con Ernesto Sábato. El futbolista colombiano y el narrador argentino se habrían profesado admiración mutua desde el pasado.
PD 2: En esta entrevista con Alejandro Fantino, el Patrón Bermúdez da su versión sobre cómo fue su salida de Newell’s y cuenta una pelea que tuvo con barrabravas en Bella Vista





